Por Ángel Torres
Cuando el Comité de Veteranos ignoró nuevamente el pasado 8 de diciembre a los legendarios jugadores cubanos, Tony Oliva, Luis Tiant y Minnie Miñoso, fueron muchos los que no quedaron satisfechos con la decisión, opinando que el nombre de ellos, merece ser incluido a los de sus compatriotas, Martin Dihigo,
Tony Pérez, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente, que merecidamente ya ingresaron al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown.
Lo curioso es que muchas de esas personas, opinaron que entre las leyendas de las Ligas Negras, se debía engrosar la lista en Cooperstown, se encuentra Silvio García, quien fue el primer pelotero escogido por Branch Rickey para romper la barrera racial en las Grandes Ligas, antes que a Jackie Robinson y Lázaro Salazar, por los méritos que acumuló como dirigente y jugador durante su gloriosa carrera.
De Silvio pueden leer su historial en uno de los capítulos de mi quinto libro “El Legado Deportivo”, pero considero necesario relatarles a las nuevas generaciones y recordarles a los fanáticos de la vieja guardia, que sí existió un jugador capaz de competir en grandeza con el inmortal Martin Dihigo, sin dudas lo fue Lázaro Salazar, el inolvidable “Príncipe de Belén”, un primera base, jardinero y lanzador zurdo, que compitió en todas esas categorías con los mejores de todos los tiempos, siendo además un excelente bateador y manager.
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