20
Dic
08

Recordando a Lázaro Salazar, el príncipe de Belén

Por Ángel Torres

Cuando el Comité de Veteranos ignoró nuevamente el pasado 8 de diciembre a los legendarios jugadores cubanos, Tony Oliva, Luis Tiant y Minnie Miñoso, fueron muchos los que no quedaron satisfechos con la decisión, opinando que el nombre de ellos, merece ser incluido a los de sus compatriotas, Martin Dihigo,
Tony Pérez, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente, que merecidamente ya ingresaron al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown.

Lo curioso es que muchas de esas personas, opinaron que entre las leyendas de las Ligas Negras, se debía engrosar la lista en Cooperstown, se encuentra Silvio García, quien fue el primer pelotero escogido por Branch Rickey para romper la barrera racial en las Grandes Ligas, antes que a Jackie Robinson y Lázaro Salazar, por los méritos que acumuló como dirigente y jugador durante su gloriosa carrera.

De Silvio pueden leer su historial en uno de los capítulos de mi quinto libro “El Legado Deportivo”, pero considero necesario relatarles a las nuevas generaciones y recordarles a los fanáticos de la vieja guardia, que sí existió un jugador capaz de competir en grandeza con el inmortal Martin Dihigo, sin dudas lo fue Lázaro Salazar, el inolvidable “Príncipe de Belén”, un primera base, jardinero y lanzador zurdo, que compitió en todas esas categorías con los mejores de todos los tiempos, siendo además un excelente bateador y manager.

¿Recuerdan el Arco de Belén en la Habana Vieja, Cuba, que fue construido en 1718? Estaba situado en la Calle Acosta esquina a Compostela, adjunto al antiguo Ministerio del Interior y a dos cuadras del Ministerio de Obras Públicas, que colinda con las calles Luz, Cuba, Sol y Habana, Muy cerca del Arco, al doblar la esquina, se encontraba situado el Cine Ideal en el número 702 de la Calle Compostela. Escribo “estaba” y no “está”, porque no estoy seguro si todas esas edificaciones aun existen.

Salazar, que poseía un estilo “principesco” dentro y fuera del terreno de juego, creció en esos alrededores, donde nació el jueves 12 de diciembre de 1912. También se destacaba por su elegancia en el vestir, siendo segundo solamente del serpentinero norteamericano, Terris McDuffie, quien era considerado un verdadero “dandy” entre los jugadores de pelota.

Quizás muchos de los fanáticos jóvenes, no sepan quien fue Salazar, a quien recuerdo por estar ligado a una de las curiosidades mas extrañas en la historia de la extinta Liga Cubana de Beisbol Profesional, cuando conquisto dos campeonatos de bateo en 1934-35 (.407) y 1940-41 (.316), “antes” y “después” de conducir al Santa Clara a dos gallardetes como piloto. En la primera de las ocasiones donde capturó la corona de los bateadores, jugó con el Marianao-Almendares y la segunda con el Almendares.

Podemos agregar que en 1934-35, además de convertirse en uno de los pocos que le pegó a la bola sobre la marca de los .400, igualmente resultó líder de los lanzadores con marca de 6-1. Con esos datos podemos aquilatar la clase de serpentinero, bateador y timonero que fue Salazar, quien murió el martes 23 de abril de 1957 en México, después de sufrir un derrame cerebral el día anterior, a la altura del séptimo episodio, en la cueva del Parque del Seguro Social de la capital mexicana, mientras dirigía a los Diablos Rojos de México en un encuentro frente a los Sultanes de Monterrey. Salazar fue trasladado del estadio a la Central Médica donde falleció.

Debido a que el color de su piel le impidió jugar en las Grandes Ligas,
Salazar se vio obligado a realizar sus labores en el Caribe, las Ligas Negras de los Estados Unidos y en México, donde es considerado uno de los mejores timoneros en la historia del circuito donde conquistó siete banderines consecutivos.

Como monticulista en tierra azteca, ganó 113 partidos y perdió 78, con su promedio de carreras limpias de 3.43, terminando su fabulosa carrera con promedio ofensivo de .334 en 15 campañas. Como resultado de sus heroicidades, “El Príncipe Azul” como también fue conocido, fue exaltado al Salón de la Fama de México en 1964, seis años después de haber recibido un honor similar en el Templo de la Fama Cubano en 1958.

Debutó en la Liga Mexicana con los Cafeteros de Córdova en 1938, guiándolos a la cúspide el primero de octubre de 1939, realizando un espectacular robo del plato en la entrada número 16, que sirvió para vencer 4-3 al Monterrey. Todo esto para culminar una increíble actuación, liderando la liga en bateo con .374 de average y una marca de 16-5 desde la lomita.

Durante los años 1947- 48, cuando guió a los Industriales de Monterrey a tres cetros seguidos, jugaron bajo su mando peloteros de talla como Pablo García, “La Mala” Torres, Claro Duany, Daniel Ríos, “La Gallina” Peña, los hermanos Carlos y Heberto Blanco, los igualmente hermanos Héctor y Coty Leal, Art Penningnton Edward Stone, Andrés Fleitas, José Bache, “Natilla” Jiménez, Alejandro Carrasquel, Vidal López y otros. Además se le acredita el haber enseñado a batear a Roy Campanella, cuando este participó en los torneos cubanos y mexicanos. Algo semejante a lo ocurrido con Sal Maglie, a quien Adolfo Luque le enseñó a tirar su famosa curva a la cabeza, que hacía retroceder a los bateadores y que le ganó el sobrenombre de “El Barbero”.

En Cuba debutó con los Leopardos de Santa Clara en 1930 y después vistió la franela del Almendares, Marianao y Santa Clara nuevamente, finalizando sus 16 años en la Liga Cubana con promedio ofensivo de .293, incluyendo la justa de 1946-47 con Santiago y Alacranes, donde se jugó un doble campeonato. Desde el montículo acumuló record de 35 – 24.

Como pelotero capturó dos veces el liderato de los bateadores en 1934-35 y 1940-41. En otras dos ocasiones el premio que se otorga al Jugador más Valioso de la justa.

Como piloto llevó en dos oportunidades al hilo al Santa Clara a la victoria en las dos competencias que los dirigió, no teniendo tanta suerte en tres ocasiones con el Marianao y una cada uno con Almendares y Santiago. Como mandamás acudió a las Series del Caribe de 1951 y 1955, comandando al Magallanes de Venezuela en ambos eventos.

Dirigió y jugó para el trabuco que el General Trujillo ensambló en la República Dominicana en 1937, para darse el gusto de conquistar el campeonato. Es de notar que en la novena cuajada de peloteros estrellas de las Ligas Negras, el único pelotero blanco lo fue el cubano Tony Castaños.


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Editor deportivo, autor, historiador de béisbol y analista por televisión de las Grandes Ligas por el doble audio (SAP) de Fox Sports Netword, quien es conocido como "La Biblia del Béisbol"

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